Hasta que un día, uno simplemente mira por la ventana del colectivo, y una epifanía aparece sobre él y se da cuenta de que todo lo soñado, no existe, no sirve y fue un simple ensueño momentáneo; y se da cuenta que en realidad no es un arquitecto, sinó un soñador que se pasó la vida soñando en vez de construyendo, y se siente acorralado por esa sensación de vacío de haber buscado algo que jamás iba a encontrar. Entonces quiere dejar de soñar, quiere empezar a vivir, abrir los ojos debajo del agua y sentir que puede salir y respirar, construir un futuro empezando desde el presente, construyendo un futuro que se arme con el día a día, minuto a minuto, decisión, acción y aventura unidos en momentos vividos con el cerebro aplacado por un corazón libre, explorador que se deja llevar por el sentimiento sin pensar las consecuencias.
Las señales son increíbles, cada situación que amerita una introspección cada vez mas profunda me dejan con una sensación de producción que se está haciendo mas difícil aplacar (Porque, mi ego aún no se quiere dejar vencer, obviamente), atenuar y disimular.
Mientras lucho con estos sentimientos, sigo proyectando cosas, poniendo metas, límites, premios y castigos, para que esta lucha interior, tenga mas condimentos para su desarrollo y así, ver hasta que límite puedo llegar.



