Recuerdo un amigo, a quien estaba dispuesto a dejar la vida por el amor del padre y este, simplemente aprovechaba esa situación para su propio orgullo.
Y no es solo con los hombres, conozco mas de un 80% de mujeres que tienen una relación conflictiva con el padre y quienes a pesar de buscar continuamente el amor, no consiguen ni por rebote, una simple migaja.
Carta al padre, de Kafka, fue durante muchos años un libro prohibido en mi biblioteca, lo tenia oculto, ante la posible posibilidad de que mi padre lo encontrara (¿Se imaginan si encontrara este lugar? JA!), me sentía tan identificado con Kafka que muchas veces, estuve a punto de darselo como regalo de Navidad, cosa que obviamente, mi espiritu doblegado jamás consiguió quebrar.
Desde ese momento, no puedo dejar de pensar en todas esas cosas que hicieron que la relación hoy sea como es. Obvio que hay mil cosas buenas que tampoco me alcanzarían los dias para contar, pero como ya hemos de saber, el hombre (Osea yo) se acostumbra a recordar las cosas malas en caracter de negativo oficial.
Tampoco puedo dejar de pensar en como seré yo como padre; en todos los errores que no debo cometer, en las cosas que si tengo que hacer y cuales no. No se porqué ese pensamiento no deja de sobrevolar la copa de los árboles de mi mente, será como dijo una vez una vieja amiga (Vieja de conocimiento, no de edad) que al pasar cierta edad uno deja de pensar como hijo y comienza a pensar como padre.
Se que el mio fue el mejor padre que pudo ser, aunque en el fondo, al recordar, me suene a un simple y barato conformismo.


